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Nuestros quesos están elaborados en empresas agroganaderas de tipo familiar, productoras a su vez de la materia prima para la alimentación del ganado, como alfalfa, heno (forraje avena, cebada y trigo), reigrás, maíz, avena, cebada, pulpa de remolacha deshidratada y torta de soja.
Fabricación del queso Lloscos:
Los animales son ordeñados en estrictas condiciones de higiene, precisándose de 6 a 6,5 litros de leche por cada queso fabricado. A partir de una leche de impecable calidad bacteriológica y un trabajo lento y pausado elaboramos nuestros quesos que, antes de salir a la venta, necesitan numerosos volteos y cuidados.
Durante todo el proceso de maduración la corteza va adquiriendo tonalidades diversas, fruto de la flora natural del medio. Eso contribuye a la formación de aromas y sabores específicos además de garantizar la autenticidad del producto.
La elaboración y fabricación de nuestros quesos se realiza con las debidas garantías sanitarias cumpliendo los criterios de homologación de la Directiva 92/46 de la CEE.
Características del queso Lloscos:
- Queso madurado graso.
- Formato cilíndrico liso, de un peso aproximado de 1kg.
- Corteza natural cepillada o ligeramente enmohecida tipo bodega.
- El tiempo de maduración oscila entre 3 y 8 meses.
- Al corte presenta un color marfil virando hacia pajizo con el tiempo.
- Ojos muy pequeños, en escasa cantidad y de origen mecánico, repartidos irregularmente.
Cata del queso Lloscos:
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Olor de intensidad media, afrutado y muy agradable. Notas lácticas y de cava limpia.
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Recuerdos a cereal malteado.
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Al masticar se aprecia una firmeza de tipo medio, baja adhesividad y una buena solubilidad en boca. La granulosidad es débilmente harinosa.
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En quesos maduros, a partir de los 6 meses, se puede percibir una ligera sensación crujiente debido a los cristales de tirosina, una característica de los quesos muy curados.
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Sabor franco y equilibrado de sal. Acidez elegante con mezcla de aromas animales limpios. Alta persistencia en boca.
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Postgusto agradable a frutos secos (avellana) y un ligero picor bien integrado en su conjunto que se acentúa con el tiempo, pero que, en todo caso, no llega nunca a ser agresivo.
Consejos para disfrutar del queso Lloscos:
Tomarlo a temperatura adecuada; entre 20 y 22ºC.
Olerlo antes de comerlo, diferenciando la corteza del interior.
Para apreciar todos los matices en su intensidad hay que masticar lentamente y distribuir el queso por todos los rincones de la boca.
Una vez ingerido, esperar a percibir el retrogusto final, que en el caso de nuestros quesos, tienen su propia personalidad y dejan buen sabor de boca.
Las frutas frescas y jugosas (uvas, manzanas, peras) acompañan muy bien al queso pues dejan la boca limpia y complementan su sabor; además, realzan con su colorido y predisponen a la cata.
Las frutas desecadas (albaricoque, melocotón) y los frutos secos (avellanas, almendras, pistachos) cortejan también muy bien a nuestros quesos.
Un vino blanco Verdejo, Rueda, Albariño... para los quesos de 4 meses o un tinto de la variedad Prieto Picudo o cualquier crianza para los más evolucionados son el complemento ideal para disfrutarlo en compañía.
Cómo conservar el queso Lloscos:
Como el buen vino, hay que mimarlo. El lugar ideal es una bodega, con temperatura fresca (10-14 grados) y una humedad alta (85-90%)
El frigorífico produce frío seco y roba humedad al queso desecándolo. De todas formas es la mejor opción aunque se deben observar las siguientes recomendaciones para una buena conservación:
Para consumir pronto (máximo una semana) es conveniente envolverlo en papel de estraza o en film de aluminio doble, evitando que se agriete o reseque.
Para conservarlo más tiempo, es recomendable envolverlo en un paño de algodón ligeramente humedecido y guardarlo en la parte menos fría del frigorífico.
Es conveniente sacarlo un par de horas antes para que se atempere y poder degustarlo en su modo óptimo.
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